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Dios nos hace fuertes

Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. 


Dios responde todas las oraciones, aunque no siempre de la manera
esperada. Nosotros pensamos en el presente; Dios nos prepara para la eternidad.
Preparó por miles de años la venida de su Hijo. Te hará esperar lo necesario para alcanzar los mejores resultados. Contempla como Dios actúa lentamente en la creación. 
No se puede apurar a Dios. La espera es para nuestro bien. Aun lo bueno puede hacer daño si se alcanza prematuramente.
A veces Dios demora la respuesta a una oración hasta que hayas aprendido algo que Él quiera enseñarte. A veces espera hasta que se produzcan las condiciones propicias para el resultado que quiere lograr. Como en el caso de aquel ciego de nacimiento. Tuvo que ser ciego toda su vida para que todos lo supieran, y así, al llegar cierto día Jesús y sanarlo milagrosamente, Dios fuese glorificado (véase Juan 9).
En ciertos casos, tal vez transcurran años hasta que sepas por qué Dios no respondió del modo que esperabas, o cuando se lo pediste, ¡pero el día llegará, y sabrás que Dios actuó acertadamente!
Espera en el Señor!

¡La oscuridad más densa es antes del amanecer,
y la mayor desesperación ocurre justo antes de la Salvación!
¡La más profunda desesperanza ataca justo antes de ser rescatado!
Por eso, no dudes ni por un instante de que Dios te contestará. ¡Ya verás que lo hace! ¡Confía en Él y
dale gracias por la respuesta, aunque no la veas de inmediato! ¡Después te alegrarás de haber confiado en Él!  La vida te parece larga pero no es sino un suspiro antes de la eternidad.

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