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Dios nos ayuda siempre a pasar las tormentas


No hay cansancio que supere mi amor por ti Padre en ti confío siempre ....


Vengo, Señor, cansado;

¡cuánta fatiga

van cargando mis hombros

al fin del día!

Dame tu fuerza

y una caricia tuya

para mis penas.



Salí por la mañana

Entre los hombres,

¡y encontré tantos ricos

que estaban pobres!

La tierra llora,

Porque sin ti la vida

es poca cosa.



¡Tantos hombres maltrechos,

sin ilusiones!;

en ti buscan asilo

sus manos torpes.

Tu amor amigo,

todo tu santo fuego,

para su frío.



Yo roturé la tierra

y puse trigo;

tú diste el crecimiento

para tus hijos.

Así, en la tarde,

con el cansancio a cuestas,

te alabo, Padre.



Quiero todos los días

Salir contigo,

y volver a la tarde

siendo tu amigo.

Volver a casa

y extenderte las manos

dándote gracias.



Amén.


Fuente Liturgia de las Horas

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