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Bendito sea el Señor, que cada día lleva nuestra carga, el Dios que es nuestra salvación.

“Padre amado, te doy gracias por todas tus bondades y misericordias para con mi vida, te doy gracias porque hasta aquí has tenido cuidado de mi y jamás me has abandonado. En esta hora reconozco que no puedo más, reconozco que las cargas de la vida me han hecho perder la sonrisa, me han hecho perder la paz en mi corazón, mi mente ha sido atacada por pensamientos negativos y por lo tanto reconozco que no puedo más. Por tal razón en esta hora vengo delante de ti, deposito cada uno de esos sentimientos y pensamientos que no me dejan prosperar en mi vida espiritual, deposito en tus manos todas mis preocupaciones, me libero de ellas y pongo mi confianza en ti, sabiendo que tú siempre tienes el control de todo. Confío en que tú actuaras de la mejor manera y según tu voluntad. Ayúdame a confiar y a tener paciencia, derrama una vez mas de tu paz sobre mi corazón y mi mente, que cada día haya en mi el deseo y la voluntad de buscarte, quiero estar cerca de ti porque reconozco que necesito mucho de tu presencia. Ayúdame Señor. Te doy gracias de antemano, porque sé que tu obraras, te doy gracias porque puedo sentir tu presencia abrazándome fuertemente, te doy gracias porque puedo confiar en ti, gracias Señor, gracias por tomar mis cargas y hacerlas tuyas, se que en ti puedo descansara, gracias amado Padre, en el Nombre de Jesús, amén”.



Poner nuestras preocupaciones en las manos del Señor tiene que ver con CONFIAR, de la misma manera que confiamos nuestros ahorros a una institución bancaria y tenemos la seguridad que ellos los cuidaran. Así también debemos confiar en que cuando depositamos nuestras preocupaciones en las manos del Señor, El tendrá cuidado de nosotros.

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